Dios bendice
a quienes aman su palabra
y alegres la estudian día y noche.
Son como árboles sembrados
junto a los arroyos:
llegado el momento,
dan mucho fruto
y no se marchitan sus hojas.
¡Todo lo que hacen les sale bien!
- Salmos 1:2-3 (TLA)
Seguramente has escuchado este término: Perennifolio.
El término hace alusión a los árboles o arbustos que conservan sus hojas a lo largo de todo el año aún cuando llega la estación "desfavorable".
Las copas de los árboles perennifolios nunca aparecen desnudas, ya que, las hojas más jóvenes, permanecen en el árbol y se unen a las que brotan cada primavera.
Sus hojas no cambian de color con el transcurso de las estaciones, por el contrario, éstas permanecen siempre verdes.
Algo que también resulta interesante sobre estos árboles, es que, parece ser, que los árboles más grandes del mundo, suelen ser perennifolios, como en el caso de las Secuoyas sempervirens, siendo que el más alto de esta especie, descubierto hasta ahora, ¡mide 115.55 metros de altura!
Es de pensar, que cuando la Biblia dice que seremos como árboles cuyas hojas no se marchitan, está refiriéndose a que seremos como árboles perennifolios. Y, ¿por qué como estos árboles? Bien, pienso que es porque presentan características que el Señor desea que tengamos; ser personas que no se dan por vencidas a pesar de las estaciones "desfavorables" que pueden ser todos aquellos momentos en los que hemos sentido que las cosas no salen como las planeamos o los momentos de escasez; en lo material cuando no hay la misma provisión económica que solíamos tener o en lo espiritual cuando sentimos como si nos hubieran llevado a un desierto.
Tal vez, las hojas del árbol, vienen a representar el gozo y la paz en nuestro interior y una esperanza inquebrantable proveniente de un corazón que está confiado en el Señor.
Jesús no nos prometió una vida color de rosa y libre de problemas, pero sí prometió estar con nosotros a través de ellos. Él dijo: "En el mundo tendrán aflicción, pero confíen, Yo he vencido al mundo", (Jn. 16:33). De hecho, son los problemas los que nos hacen aprender y ser más fuertes. A menudo, se aprende más de los momentos duros que de los momentos de bonanza.
Podemos ver que Dios promete que si nosotros amamos Su Palabra, nos gozamos en ella y la estudiamos en todo momento, tendremos estas cualidades; daremos mucho fruto y nos levantaremos en alto frente a la adversidad. Él es el arroyo y nosotros el árbol.
Amigo o amiga que lees esto; sé que la situación por la que atraviesa el mundo hoy no pinta un escenario favorable, pero puedo decirte, que de este arroyo que es Cristo, fluyen toda clase de bendiciones que nuestra vida necesita para prosperar.
Acércate a Él y búscale de todo corazón. Como C.S. Lewis dijo: “Búscate a ti mismo, y a la larga solo encontrarás odio, soledad, desesperación, rabia, ruina y decadencia. Pero busca a Cristo, y lo hallarás, y con Él todo lo demás”.

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