Quizá escuchaste la expresión "Eres uno en un millón" alguna vez en tu vida. Es una expresión que se utiliza para hacerle saber a alguien su singularidad o darle a conocer cuán especial es.
Quiero hacer un hincapié en el siguiente dato: En el mundo hay aproximadamente 7 mil millones de personas y contando, puesto que cada día nacen más, y no sólo esto sino que también más gente ha vivido antes de que tu nacieras. Lo más sorprendente del asunto es que no encontrarás a alguien que tenga exactamente tus mismas características. Puedes hallar gente parecida a ti, pero jamás con el mismo ADN, misma personalidad, la forma de tus huellas digitales, etcétera. Incluso si intentaran hacer un clon de ti, éste tendría que haber crecido en un contexto igual al tuyo con exactamente las mismas vivencias que tú tuviste para llegar a ser completamente tu y todo lo que te caracteriza como persona. Simplemente una variable y dejaría de ser igual a ti. ¡Tan sólo échale un vistazo a tus manos! A pesar de que forman parte del mismo cuerpo, puedes ver que son distintas. Quizá tengas más líneas en una que en otra o colocadas en diferentes lugares. Una vez dicho esto, llegamos a la conclusión de que tanto tú como yo, somos uno en 7 mil millones y pico de personas, lo cual aumenta en gran manera tu nivel de singularidad.
Es algo triste que a pesar de saber cuan especial y únicos somos en este planeta, hayamos sentido alguna vez la necesidad de ser alguien más; la necesidad de imitar la forma de ser de otra persona. A menudo nos comparamos con gente que consideramos mejor parecida, popular, exitosa, más inteligente, rica, emprendedora y la lista continúa y continúa. Theodore Roosevelt, el vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos dijo: "La comparación es el ladrón de la alegría". Es una frase que contiene gran verdad. ¿Cuántas veces no nos hemos comparado con alguien y después de hacerlo sentimos un vacío interno? Cuando nos comparamos vemos lo que no tenemos y lo que no somos, pero cuando agradecemos, poco a poco lo que hay a nuestro alrededor se hace más notorio y por ende somos capaces de entender lo bendecidos que estamos.
Querido lector, el rechazo y la inconformidad de quienes somos comienza por nosotros mismos al resaltar y señalar todas aquellas cosas que consideramos imperfecciones cuando en realidad no lo son. Bien sabemos que no somos perfectos por dentro y que en esta vida estamos en un proceso de constante aprendizaje, pero no permitas que aquello de lo que careces determine quien eres o que tus errores condenen tu vida. Sácale provecho a lo que tienes; lleva al máximo los dones y los talentos con los que fuiste dotado. ¡Eres un ser extraordinario!
La Biblia dice en el Sal 139: 14 " Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; y mi alma lo sabe muy bien". Eres fruto de los pensamientos de Dios y obra de sus manos y así como el creador de una obra de arte se complace en su creación; Dios se complace en ti.
Así que no lo olvides: ¡Tu eres más que uno en un millón!
Quiero hacer un hincapié en el siguiente dato: En el mundo hay aproximadamente 7 mil millones de personas y contando, puesto que cada día nacen más, y no sólo esto sino que también más gente ha vivido antes de que tu nacieras. Lo más sorprendente del asunto es que no encontrarás a alguien que tenga exactamente tus mismas características. Puedes hallar gente parecida a ti, pero jamás con el mismo ADN, misma personalidad, la forma de tus huellas digitales, etcétera. Incluso si intentaran hacer un clon de ti, éste tendría que haber crecido en un contexto igual al tuyo con exactamente las mismas vivencias que tú tuviste para llegar a ser completamente tu y todo lo que te caracteriza como persona. Simplemente una variable y dejaría de ser igual a ti. ¡Tan sólo échale un vistazo a tus manos! A pesar de que forman parte del mismo cuerpo, puedes ver que son distintas. Quizá tengas más líneas en una que en otra o colocadas en diferentes lugares. Una vez dicho esto, llegamos a la conclusión de que tanto tú como yo, somos uno en 7 mil millones y pico de personas, lo cual aumenta en gran manera tu nivel de singularidad.
Es algo triste que a pesar de saber cuan especial y únicos somos en este planeta, hayamos sentido alguna vez la necesidad de ser alguien más; la necesidad de imitar la forma de ser de otra persona. A menudo nos comparamos con gente que consideramos mejor parecida, popular, exitosa, más inteligente, rica, emprendedora y la lista continúa y continúa. Theodore Roosevelt, el vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos dijo: "La comparación es el ladrón de la alegría". Es una frase que contiene gran verdad. ¿Cuántas veces no nos hemos comparado con alguien y después de hacerlo sentimos un vacío interno? Cuando nos comparamos vemos lo que no tenemos y lo que no somos, pero cuando agradecemos, poco a poco lo que hay a nuestro alrededor se hace más notorio y por ende somos capaces de entender lo bendecidos que estamos.
Querido lector, el rechazo y la inconformidad de quienes somos comienza por nosotros mismos al resaltar y señalar todas aquellas cosas que consideramos imperfecciones cuando en realidad no lo son. Bien sabemos que no somos perfectos por dentro y que en esta vida estamos en un proceso de constante aprendizaje, pero no permitas que aquello de lo que careces determine quien eres o que tus errores condenen tu vida. Sácale provecho a lo que tienes; lleva al máximo los dones y los talentos con los que fuiste dotado. ¡Eres un ser extraordinario!
La Biblia dice en el Sal 139: 14 " Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; y mi alma lo sabe muy bien". Eres fruto de los pensamientos de Dios y obra de sus manos y así como el creador de una obra de arte se complace en su creación; Dios se complace en ti.
Así que no lo olvides: ¡Tu eres más que uno en un millón!
Muy bueno tu reflexión, me gusta
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