Jesús entró en Jericó y comenzó a pasar por la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuestos de la región y se había hecho muy rico.
Zaqueo trató de mirar a Jesús pero era de poca estatura y no podía ver por encima de la multitud. Así que se adelantó corriendo y se subió a una higuera sicómoro que estaba junto al camino, porque Jesús iba a pasar por allí.
Cuando Jesús pasó, miró a Zaqueo y lo llamó por su nombre: «¡Zaqueo! —le dijo—. ¡Baja enseguida! Debo hospedarme hoy en tu casa».
Zaqueo bajó rápidamente y, lleno de entusiasmo y alegría, llevó a Jesús a su casa; pero la gente estaba disgustada, y murmuraba: «Fue a hospedarse en la casa de un pecador de mala fama».
Mientras tanto, Zaqueo se puso de pie delante del Señor y dijo:
—Señor, daré la mitad de mi riqueza a los pobres y, si estafé a alguien con sus impuestos, le devolveré cuatro veces más.
Jesús respondió:
—La salvación ha venido hoy a esta casa, porque este hombre ha demostrado ser un verdadero hijo de Abraham. Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos.
Lc.19:1-10 (NTV)
Una vez más un año llega a su fin, y con ello, mucho entusiasmo y emoción por comenzar a planear metas y toda clase de resoluciones para el año entrante. Vamos, ¿quién no ha puesto bajar de peso y estar en forma como propósito de año nuevo?
Las listas de propósitos van desde cosas tan simples y banales hasta cosas más profundas. Puede ser que este año simplemente te quieres comprometer a ser una mejor versión de ti mismo y si es así, déjame decirte que en realidad es un objetivo de toda la vida. Todos deberíamos aspirar a ser transformados siempre.
Sin embargo puede ser que hoy sientas un poco de culpa. Un poco de culpa por todas aquellas cosas que pudiste haber hecho este 2017 y que simplemente no realizaste por diversas razones.
Puede ser que hoy cargas con el peso de errores que te hacen querer regresar el tiempo para no cometerlos. Tal vez hiciste cosas que lastimaron a alguien o te encuentras enojado contigo mismo por no haber sido capaz de haber roto con malos hábitos o círculos viciosos que vienes trayendo desde hace ya varios años.
En realidad creo que todos nos hemos sentido así en algún punto, y si este es tu caso hoy específicamente, quiero decirte, que hay gracia para ti.
Me encanta este pasaje de la Biblia en donde Jesús se encuentra con Zaqueo. La historia relata que Zaqueo era un hombre que ocupaba un cargo importante en el gobierno de esa región y que por lo tanto era un hombre muy rico, pero también nos deja ver que había sido un hombre que ganó mucho de su dinero de manera deshonesta, posiblemente, aprovechándose de la gente pobre. Sin duda, podemos imaginar que había ocasionado daño a varias familias, y se había ganado el desprecio de muchas personas del lugar. Por eso la gente murmuraba que era un "pecador de mala fama". Nos imaginamos el estilo de vida que llevaba este hombre.
Pero, algo cambió en el corazón de Zaqueo ese día. Él sabía que Jesús estaba pasando por las calles de esa ciudad. Desesperado, corrió a treparse en un árbol para poder mirar a Jesús. Como si fuera lo más cercano que un hombre tan pecador como él pudiera aspirar a acercarse. De pronto es como si los ojos de Jesús se centraran en aquella persona a la cual todos en lugar despreciaban por sus obras. ¡Su atención se centra en la persona menos digna del lugar! Y todo para decirle que era necesario que Él se quedara en su casa. ¿Te imaginas el escándalo entre la multitud? ¡Qué osadía!
La hermosa verdad que podemos ver en este pasaje, es que Jesús está cercano de los quebrantados de corazón. Él es el único que discierne las intenciones de las personas. Pero también vemos que si tú quieres encontrarle, Él también te sale al encuentro; sin importar el estado actual de tu vida.
Mientras la multitud llamaba a Zaqueo "pecador de mala fama", Jesús lo llamó por su nombre. Y es que Jesús no te ve por tu pecado. Jesús no te juzga por tus fracasos o errores. Es más, tal vez se esperaba que Jesús llegara dándole una cátedra a Zaqueo sobre todas las cosas que había hecho mal hasta el momento; una prédica reprendiéndolo por todas sus maldades. En lugar de eso, se quedó frente a él. En seguida, de la boca de Zaqueo, sale un arrepentimiento genuino.
La sola presencia de Jesús en tu casa, puede transformar tu corazón.
Hoy quiero recordarte que si tú ya recibiste a Jesús en tu corazón, la Biblia dice que "el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo". (2 Co.5:17 DHH).
Otra versión lo expresa de la siguiente forma:
"Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!"
Me llama la atención que este versículo dice "quien permanece unido a Cristo" o "quien pertenece a Cristo". Algo importante que aprender de esto es que en primer lugar, así como Zaqueo tomó la decisión de querer tener un encuentro con Jesús, nosotros debemos decidir tener un encuentro diario con Jesús. En Su presencia, nosotros recibimos revelación de las cosas que debemos cambiar en nuestra vida y Él se encarga de producir un cambio en nuestro corazón.
Observemos también que, no sólo Zaqueo decide arrepentirse, sino también tomar acción. El verdadero arrepentimiento no sólo produce un cambio en nuestros corazones, sino que también nos hace tomar responsabilidad.
Querido lector, debes saber que si perteneces a Cristo, eres una nueva criatura y Él promete darte la gracia para cambiar todas aquellas cosas que están mal en tu vida y que te han producido dolor a medida que tú decidas permanecer unido a Él.
Si hoy reconoces que todos los errores que cometiste este año tienen su raíz en que dejaste a Dios fuera de tus planes y no buscaste Su voluntad en ellos, decide caminar de su mano este año y hacer todas las cosas nuevas, que al fin y al cabo, nuestro Dios es un Dios de segundas oportunidades y nuevos comienzos.
Créeme que eso hará toda la diferencia, aunque en ocasiones no sea fácil.
Como un poema de Robert Frost dice:
"Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia".

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