Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—.
Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse.
Pues así como los cielos están más altos que la tierra,
así mis caminos están más altos que sus caminos
y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos.
-Is. 55:8-9 (NTV)
En algún lugar escuché decir que Dios tiene ciertas respuestas a nuestras peticiones: "Sí", "No", "Aún no es el tiempo" y "Tengo algo mejor en mente".
Cuando la respuesta es sí, es inevitable sentirnos bien al respecto y suele ser mucho más fácil confiar y estar agradecidos con Dios. Sin embargo, muchas veces lo que queremos y pedimos no es lo que necesitamos o simplemente no va conforme a la voluntad del Padre. (Santiago 4:3)
En momentos como estos solemos decepcionarnos y hasta enojarnos con Él cuando las cosas no salen como esperamos.
Cuestionamos el por qué de las cosas y se torna difícil confiar en que Dios está haciendo lo mejor para nosotros y que Su voluntad es buena, perfecta y agradable.
No siempre podemos obtener las respuestas exactas a por qué las cosas en nuestra vida suceden de la forma en que suceden. La realidad es que nadie las tiene todas. Muchas cosas que parecen "malas" también son consecuencia de malas decisiones que tomamos cuando decidimos no incluir a Dios en nuestros planes o actuar sin prudencia. No obstante, siendo hijos de Dios existe una gran verdad: Todas las cosas nos ayudan para bien. Todas. Aún las que no parecen hacerlo.
Lo hermoso de vivir en Cristo es que aún en medio de nuestros errores y fracasos, Dios en su misericordia los utiliza para enseñarnos algo; para pulir nuestro carácter y transformarnos. De pronto lo que parecía un caos, cobra sentido en Él.
Sea cual sea tu situación, hoy quiero animarte a confiar en que Dios es bueno en todo momento. Él es un Padre bueno que anhela que sus hijos sean prosperados en todas las cosas. (3 Jn. 1:2) y aunque las manos del alfarero duelan en ocasiones, Él sigue dándole forma al barro hasta completar en ti Su obra maestra.
Para Dios no hay limitaciones. ¡Sus pensamientos son más altos que los nuestros! En Jeremías 29:11, el Señor dice: "Pues yo sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza".
Si los padres terrenales saben darles buenas cosas a sus hijos, ¿cuánto más no nos dará nuestro Padre celestial? (Mt. 7:11).
Si Dios en Su respuesta te negó algo, o te dijo que esperes; no dudes en confiar en Él. Por más adversas que las cosas se vean, recuerda que vivimos por Fe y no por vista. Continúa adorándolo y obedeciéndolo con el mismo ímpetu de cuando la respuesta fue sí, porque a su tiempo, cosecharás.
Cuando las cosas no salen como esperas, es una forma en la que Él te dice: "Te estoy enseñando a confiar y depender de mí". Así que, ¡confía! Tu vida está en las manos más capaces de todo el universo.

Comentarios
Publicar un comentario