Siempre trato de tener una especie de journal conmigo.
No hace mucho revisaba entre las cosas que había escrito y me di cuenta de que habían cosas que escribí hace un buen tiempo ya, por las cuáles me sentía triste pero al leerlas encontré no sentirme más de la misma forma.
Recuerdo esos momentos pero no son más que eso; recuerdos.
Las emociones se sentían muy reales en aquel momento pero resultaron no ser duraderas. Francamente, hasta me reía de algunas cosas que escribí.
Mateo narra la historia de como unos sabios de Oriente llegan desde lejos a traerle regalos a Jesús. Mi primera impresión al leerlo fue que eran unos regalos muy raros para un recién nacido, sin embargo, la Biblia está llena de perlas ocultas en forma de simbolismo.
De los tres regalos, el que más llamó mi atención y me enternece fue la mirra. ¿Qué tiene de especial?
La mirra es como un aceite, un ungüento amargo que se extrae de un proceso que se conoce por "hacer sangrar al árbol", hasta que pueda desprender este aceite que tiene cualidades medicinales.
Un poeta a quien admiro escribió sobre el amor: "Porque, aunque el amor te corona, también te crucifica; aunque es para tu crecimiento, también es para tu poda".
El cordero de Dios que quita el pecado del mundo... ¿A caso, los sabios conocían de los sufrimientos por los que tendría que atravesar el Mesías? ¿Les había sido revelado que su sangre sería la sanidad y salvación de muchos?
La mirra en ese sentido habla tanto del dolor como de la sanidad o restauración.
Jesús es nuestra mirra.
Me encanta saber que Jesús es alguien identificable, pues a pesar de ser completamente Dios, también fue completamente humano y vivió en carne todas las aflicciones, tentaciones y circunstancias por las que cualquier persona atraviesa.
Hay tragos amargos de los que preferiríamos no beber.
Días donde la tristeza se siente muy real y pareciera durar por siempre; problemas que parecieran no tener salida.
En momentos así, no te olvides de que al final son sólo eso... momentos; instantes, efímeros como una estrella fugaz a comparación de la vida eterna para la que fuiste diseñado.
Espero que si estás leyendo esto y pasas por alguna situación difícil, el amor de Dios llegue a tu vida como un ungüento, y que algún día como yo, puedas girar la página de tu diario, reírte y darte cuenta de que ya no te sientes más del mismo modo.
"Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después".
-Ro. 8:18 (DHH)

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