A penas empiezo a comprender.
Amar es más que un sentimiento, es una decisión.
¡Y vaya decisión!
Porque a veces uno decide cosas que no necesariamente disfruta al principio;
que no necesariamente le placen.
Amar a veces comienza siendo una encomienda,
una que empieza arrastrando los pies, frunciendo el ceño, y gritando por dentro.
A regañadientes, pero poco a poco, cediendo.
Mitigando el orgullo,
Apaciguando el fuego,
Pensando en mí menos.
De pronto me encuentro aprendiendo,
la dura encomienda se vuelve fácil y se convierte en la meta una vez que veo el espejo:
Soy producto de la decisión de otro, que tal vez empezó
arrastrando los pies, frunciendo el ceño y gritando por dentro.
Amar es más que un sentimiento, es una decisión.
¡Y vaya decisión!
Porque a veces uno decide cosas que no necesariamente disfruta al principio;
que no necesariamente le placen.
Amar a veces comienza siendo una encomienda,
una que empieza arrastrando los pies, frunciendo el ceño, y gritando por dentro.
A regañadientes, pero poco a poco, cediendo.
Mitigando el orgullo,
Apaciguando el fuego,
Pensando en mí menos.
De pronto me encuentro aprendiendo,
la dura encomienda se vuelve fácil y se convierte en la meta una vez que veo el espejo:
Soy producto de la decisión de otro, que tal vez empezó
arrastrando los pies, frunciendo el ceño y gritando por dentro.
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