Moisés salió y contó al pueblo lo que el Señor le había dicho, y reunió a setenta ancianos israelitas y los colocó alrededor de la tienda. Entonces el Señor bajó en la nube y habló con Moisés; luego tomó una parte del espíritu que Moisés tenía y se lo dio a los setenta ancianos. En cuanto el espíritu reposó sobre ellos, comenzaron a hablar como profetas; pero esto no volvió a repetirse.
Dos hombres, el uno llamado Eldad y el otro Medad, habían sido escogidos entre los setenta, pero no fueron a la tienda sino que se quedaron en el campamento. Sin embargo, también sobre ellos reposó el espíritu, y comenzaron a hablar como profetas en el campamento. Entonces un muchacho fue corriendo a decirle a Moisés:
—¡Eldad y Medad están hablando como profetas en el campamento!
Entonces Josué, hijo de Nun, que desde joven era ayudante de Moisés, dijo:
—¡Señor mío, Moisés, prohíbeles que lo hagan!
Pero Moisés le contestó:
—¿Ya estás celoso por mí? ¡Ojalá el Señor le diera su espíritu a todo su pueblo, y todos fueran profetas!
Entonces Moisés y los ancianos de Israel volvieron al campamento.
Números 11:24-30 (DHH)
Este fragmento de la Biblia hace mención de Eldad y Medad, dos hombres de los cuales no se conoce mucho pero que también figuraban dentro de los setenta que Dios le había dicho a Moisés, escogiera para aligerar su carga de liderar él sólo al pueblo por el desierto, (Núm. 11:16-17).
A pesar de no saber mucho sobre el contexto de estos hombres, sí sabemos que no eran cualquier persona, pues poseían cualidades de liderazgo que el pueblo era capaz de observar. Además, el diccionario bíblico Vila Escuain,1985, menciona los significados de sus nombres, para los cuales, Eldad quiere decir Dios es amor y Medad, cariñoso, amado o agua de amor. Un poco melosos sus padres, ¿no es así? Sin embargo, sus nombres no estaban en lo incorrecto. Dios mostró su amor para con ellos al escogerlos.
Me causa curiosidad el hecho de que a pesar de que ellos no se encontraban reunidos con el resto de los líderes dentro del tabernáculo, el Espíritu de Dios llenó sus vidas en el lugar donde se encontraban y comenzaron a profetizar.
Ahora bien, otro personaje que aquí destaca es Josué.
No perdamos de vista que este es el mismo Josué, hijo de Nun, que más tarde toma el lugar de Moisés como líder de todo el pueblo. Un líder muy maduro e importante, más tarde en la Biblia, al cual Dios usó poderosamente. No obstante, en este pasaje vemos que, dominado por un momento de carnalidad, deja salir sus reproches a flote; se siente celoso de que los que no estaban con ellos estuvieran profetizando también. Acto seguido, Moisés le reprende diciendo que él desearía que todos pudieran hacer lo mismo.
Personalmente, creo que hay muchos que hemos estado en ambos lugares. Algunas veces hemos sido Josué; secretamente hemos dejado entrar envidia a nuestros corazones de los dones o los talentos de otro o incluso de la forma en la que Dios está usando a esa persona. Y en otras ocasiones nos ha tocado ser Eldad y Medad.
Puede que en este momento estés ocupando el liderazgo en un punto que es más visible y posees algún talento que se hace notar en una plataforma, o bien, puede que seas de los que se quedaron en el campamento y tu talento y la forma en la que Dios te usa no sea tan obvios para todas las personas.
Pero sin importar si te tocó estar en el tabernáculo con el resto o te tocó quedarte en el campamento, sólo quiero que sepas las siguientes verdades:
1. El Señor te ha llamado amado, y le plació darte esos dones. Son un regalo que espera disfrutes aunque no sean siempre aplaudidos, ya que en su debido momento, serán reconocidos.
2. Dios puede usarte para bendecir a alguien independientemente de tu posición.
Quitemos todo celo o envidia de entre nosotros que impide que crezcamos en el propósito que Dios tiene para nuestras vidas por anhelar lo que es de otros. En su lugar, seamos personas que nos edifiquemos mutuamente; personas que profetizan bendición sobre los demás para que todos puedan alcanzar su propósito en Dios, pues esta es la forma en la que Dios quiere que nos amemos.
No seamos egoístas para quedarnos con el conocimiento o las habilidades, sino que pasemos la estafeta a otros, que como los setenta, Dios ha decidido también usar.

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