¿Sabías que la Tierra rota sobre su eje aproxidamente a una velocidad de 1674 km/h? Y si esa cifra te parece impresionante, ¿sabías que la Tierra se traslada a 107,227 km/h?
Evidentemente la Tierra gira rápido. Vamos muy rápido por el espacio, y sin embargo, no lo sentimos. No sentimos que vamos a una gran velocidad por la vida como en una montaña rusa o cualquier juego mecánico de un parque de diversiones. No obstante el hecho de que no sintamos que la Tierra se mueva rápidamente no quiere decir que no sea así.
Pensaba en esto el otro día y reflexionaba en que es lo que ocurre en nuestra vida con nuestras emociones. Es decir, hay gente que no se siente amada, pero no quiere decir siempre que no sea amada. Hay gente que no se siente perdonada, pero no quiere decir que no sea perdonada, y así podemos continuar con muchas cosas que la gente siente pero no quiere decir que sean verdad, y en la vida cristiana, creo que podemos darle más peso a lo que sentimos que a las verdades de la palabra de Dios.
Nuestras emociones no son, ni nos guían siempre a la verdad. Podemos romantizar la idea de vivir una vida basada en seguir a nuestro corazón como muchas veces hemos escuchado. Sin embargo, ésta podría ser la receta perfecta para el desastre. De hecho, la Biblia afirma que el corazón humano es de lo más engañoso que hay (Jr. 17:9, NTV), y un corazón que no está alineado con la voluntad del Padre, no nos guiará más que a satisfacer nuestros deseos hedonistas. De igual manera, hay muchas cosas que la Biblia nos pide que hagamos para las cuales no siempre nos vamos a sentir dispuestos a hacer.
No siempre me sentiré dispuesta a ser agradecida, en especial cuando las cosas no marchan como espero, pero Dios espera que gratitud fluya de mi corazón, (1 Te. 5:16-18).
No siempre me sentiré dispuesta a perdonar, pero Dios espera que ame al prójimo de esta forma, (Col. 3:13).
No siempre me sentiré como para hacer el bien, (Gal. 6:9), o pensar en cosas buenas, (Fil 4:8), u obedecer a las autoridades, (Ro. 13:1-7), pero en todas, Dios espera que así viva y debo confiar en que Dios sabe lo que hace y que todo lo que Él me pide hacer es para mi bien. Después de todo, ¿quién quiere cargar con la amargura por no haber perdonado?, o ¿vivir siempre deprimido por pensar cosas negativas y cargar con las consecuencias de la desobediencia?
A veces solemos creer inconscientemente que cuando Jesús dijo "quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame", (Mt. 16:24), significaba un acto de una sola vez en la vida, cuando en realidad se trata de un acto de rendición constante.
La Palabra de Dios, está por encima de lo que sentimos, y tienes que saber que, ya sea que hoy necesites saber lo que eres o, saber lo que necesitas hacer, puedes acudir siempre a la verdad de Su Palabra.
También, puede que como hijo de Dios, hoy te encuentres luchando sin sentir ser las cosas que Dios dijo que eres en Su Palabra, pero recuerda que Dios no miente, (Núm. 23:19) y puedes siempre ir a Su presencia a pedirle ayuda cuando tus emociones no se alineen con Sus verdades. Él ha prometido estar con nosotros, (Mt. 28:20), y ayudarnos en nuestras debilidades, (2 Co. 12:9).
Decidamos confiar más en Dios que en nuestras emociones.

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