Rembrandt (1659). El retorno del hijo pródigo [Óleo sobre lienzo]. Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia |
Pasaje para reflexionar: Mateo 18: 15-35
Todos en algún momento de nuestras vidas hemos ofendido a alguien y hemos necesitado perdón; sin embargo, resulta en ocasiones más satisfactorio hablar sobre el perdón desde la posición en el que
uno es quien lo recibe.
No podemos evitar conmovernos ante la gracia de Dios al ser explicada a través de pasajes como el del Hijo pródigo. Nos gusta recibir el amor de Dios y saber que sin importar cuánto fallemos o cuán imperfectos seamos, Él siempre va a estar ahí.
El pasaje en el que se basa esta reflexión, habla del perdón desde la posición contraria, en el que uno es
el agraviado y por lo tanto, la persona a la que le
toca perdonar.
Jesús les da instrucciones a sus discípulos de los
pasos a seguir:
1. Habla con la persona que te ofendió (v.15)
2. Si no te escucha, toma testigos (v.16)
3. Si aún así no escucha, puedes llevar el caso a la iglesia (v.17)
4. Si todo lo anterior falla, tenlo como a alguien que no cree en Dios (v.17)
Pareciera ser que el paso número cuatro, nos da permiso de no perdonar a la persona que nos ofendió si hemos ido a través de las acciones anteriores a este paso sin resultado. No obstante, Pedro hace una pregunta interesante y la respuesta de Jesús, nos deja ver, que por lo menos, para el cristiano, el perdonar no es algo opcional; no es algo negociable:
"Luego Pedro se le acercó y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces? —No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete. "
Mateo 18:21-22 (NTV)
Después, Jesús refiere una parábola en la que un rey perdona una deuda a un siervo y espera que éste haga lo mismo con su deudor.
Perdonar es como cancelar una deuda, y desde luego, no todas las deudas son de la misma cantidad. Las hay desde unos cuantos pesos hasta unos miles; por decir un ejemplo, y claro está que mientras más grande sea una deuda, más difícil es de exonerar. Sin embargo, quisiera enfatizar algunas cosas importantes acerca de lo que Jesús nos enseña aquí.
Primero está la importancia de la comunicación en el proceso del perdón (paso número uno): ¿Cuántas veces no nos enojamos y le dejamos de hablar a la otra persona sin siquiera explicar el por qué? Nos aislamos como esperando que la otra persona adivine por qué nos sentimos ofendidos, pero la Biblia nos enseña desde el comienzo, que es sano hablar las héridas en privado y de ser necesario, quizás por el tamaño de la ofensa, involucrar a alguien más.
Y luego está que, sin importar el tamaño de la deuda, si queremos ser discípulos de Jesús, tenemos que perdonar las veces que sean necesarias.
Ahora bien, ¿el perdón siempre involucra una relación cercana nuevamente? ¿Cómo luce el perdón hacia unos padres abusivos, relaciones con violencia emocional y/o física, o manipulación? Evidentemene, no todas las deudas son pequeñas.
Una de las cosas que más duelen al exonerar una deuda grande, es darse cuenta de que esa deuda no podrá ser saldada, por más que en sus emociones uno quisiera, y entonces, perdonar, significa que podrás dejar ir de ese sentimiento de querer que la persona pague, pensar en ella y orar que Dios también le perdone.
Y el que tú perdones, no significa que tienes que entablar una relación cercana o íntima con la persona que te ofendió tan gravemente. A veces, inclusive la distancia es necesaria para sanar ciertas heridas. ¿Te has fijado en cómo funciona la distancia que hay entre la Tierra y la Luna? ¿Acaso no si estuvieran más cerca ocurrirían muchos desastres naturales? Del mismo modo en el que Dios permite esto en la naturaleza, es sano que en ocasiones ocurra así en las personas. En el proceso te darás cuenta de que algunas relaciones funcionan mejor sólo a cierta distancia y otras sólo después de un tiempo de haber tomado distancia.
Jesús nos deja ver que, siempre que esté en nuestras manos, debemos procurar estar en paz entre nuestros hermanos y que a nadie descartemos sin dar una oportunidad así como Él nos la dio a nosotros. Nos enseña que las relaciones humanas son potencialmente conflictivas de tiempo en tiempo, sujetas a posibles crisis y requieren conversaciones complicadas o poco cómodas, pero nunca debemos recurrir a la salida fácil de recluirnos en pensamientos de rencor y odio que sólo hacen morir lentamente nuestro espíritu.
Querido lector, oro que si alguien te lastimó profundamente y hoy te encuentras estancado en amargura, Dios te de la fuerza para perdonar a esa persona y puedas llevar tus heridas al Señor Jesús; el único que tiene el poder para sanar y restaurar, y que si aún hay la posibilidad de enmendar las cosas con alguien puedas hacerlo sin temor o vergüenza para deshacerte de toda carga.
Dios te bendiga.
Muy cierto, como seres humanos nos cuesta perdonar y pedir perdón. Nos falta humildad.
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