"Luego Jesús entró en la barca y comenzó a cruzar el lago con sus discípulos. De repente, se desató sobre el lago una fuerte tormenta, con olas que entraban en el barco; pero Jesús dormía. Los discípulos fueron a despertarlo:
—Señor, ¡sálvanos! ¡Nos vamos a ahogar! —gritaron.
—¿Por qué tienen miedo? —preguntó Jesús—. ¡Tienen tan poca fe!
Entonces se levantó y reprendió al viento y a las olas y, de repente, hubo una gran calma.
Los discípulos quedaron asombrados y preguntaron: «¿Quién es este hombre? ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!»".
Mt. 8:23-27 (NTV)
Recuerdo que de pequeña, cuando todavía estaba aprendiendo a nadar, me daba miedo lanzarme de los toboganes del parque acuático.
Solía ir con mi familia a un parque en donde había varios toboganes y donde a menudo yo, siendo de las menores de los primos, observaba anhelante cómo se divertían lanzándose de ellos queriendo también ser parte de la experiencia.
Mi papá entonces, me llevó junto con una prima a donde estaban los toboganes más pequeños con el fin de practicar y perder el miedo.
A pesar de lo fácil que realmente era, para mí a esa edad, aquellos toboganes lucían desafiantes, y cuando mi papá me observaba insegura o indecisa a lanzarme, me decía: ¡Lánzate! Yo te atrapo.
Cuando eres un niño, eres la versión más pura y no contaminada de ti mismo.
La mayoría de las ocasiones, tu corazón no ha pasado por experiencias que hayan marcado tu vida de una manera negativa o pasado por desilusiones como el corazón de un adulto.
El corazón de un niño sabe confiar cuando sus padres le dicen que todo estará bien. Después de todo, sabe que son quienes cuidan y ven por él. Así que cuando mi padre me dijo que me lanzara porque él me atraparía al bajar, le creí. Confié en que él no rompería su promesa. De esta forma perdí el miedo y pude disfrutar de toda la diversión que me estaba perdiendo.
Nuestra vida es muchas veces de esta manera. Dios está del otro lado del tobogán, que representa los problemas, temores, traumas o ansiedades que debemos atravesar, prometiendo ser fiel a su promesa y atraparnos. Él nos dice: ¡Lánzate! Yo te atrapo.
El viento y las olas le obedecen y es capaz de calmar cualquier mar embravecido y traer paz a nuestras vidas. Sin embargo, nos cuesta trabajo confiar en Él. ¿Por qué?
Como dije, hay experiencias que moldean quienes somos a lo largo de nuestra vida y basamos nuestra relación con Dios en esas mismas situaciones que permitimos que nos definieran.
Atribuimos a Dios todas aquellas cosas que otros nos han dado. Creemos que Dios nos decepcionará al igual que lo hicieron las personas, o que no cumplirá sus promesas. Creemos que si ponemos nuestros sueños en sus manos, nos "dará alas para después cortarlas" como muchos hicieron.
La gran verdad es que muy en el fondo, la raíz de nuestros temores y ansiedades es que no confiamos en que Dios es bueno o no nos identificamos con Él como Padre.
Hay momentos en los que sentimos que nada va bien o de acuerdo a nuestros planes y dudamos de la fidelidad de Dios para con nosotros. En especial cuando lo que nos pasa aparenta ser injusto o carecer de sentido.
Debemos dejar de asociar a Dios con todas las características imperfectas de los humanos. Él es infalible; un padre amoroso que busca lo mejor para sus hijos.
Quiero decirte que sin importar cuán difícil, dolorosa o confusa que sea la situación por la que atraviesas en este momento, Dios ha prometido llevar tus cargas en tanto tú se lo permitas y estará del otro lado para atraparte cuando te lances.
La Biblia dice en Filipenses 4:6-7
"No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús".
La vida con Cristo, requiere pasos de Fe y confianza en Dios a pesar de muchas veces no entender lo que sucede.
¡Ánimo! Él está ahí para atraparte.

❤😍
ResponderBorrar❤😍
ResponderBorrar